Decisiones.
Siempre intentás forzar las cosas. Como si creyeras que nada pasaría si no lo hicieras vos”. Y al final, ¿qué es lo que pasa? La vida. El sobrepensar y la idea de creer que merezco —o que debería merecer— ciertas cosas son mis dos grandes espinas. Por eso, cada vez que la realidad no se acomoda a lo que imagino, a lo que espero o a lo que creo que tendría que ser, aparece la desilusión. Me bloqueo. Y detrás, como en fila india, avanzan las inseguridades. Abrir muchas puertas también es abrir muchas fuerzas: energías, posibilidades, caminos. Y con ellas llegan las no-elecciones, la duda del qué hubiera pasado si, el miedo a haber elegido mal, a no haber pensado lo suficiente. Cada decisión trae sus sirenas, esas pequeñas luces que endulzan el oído del navegante y confunden el rumbo. Hasta que uno termina creyendo que su vida es exactamente esto —ni más ni menos— por las decisiones que tomó. Como en La biblioteca de la medianoche, mi limbo también sería una biblioteca. O quizás una casa...