Entradas

Decisiones.

Siempre intentás forzar las cosas. Como si creyeras que nada pasaría si no lo hicieras vos”. Y al final, ¿qué es lo que pasa? La vida. El sobrepensar y la idea de creer que merezco —o que debería merecer— ciertas cosas son mis dos grandes espinas. Por eso, cada vez que la realidad no se acomoda a lo que imagino, a lo que espero o a lo que creo que tendría que ser, aparece la desilusión. Me bloqueo. Y detrás, como en fila india, avanzan las inseguridades. Abrir muchas puertas también es abrir muchas fuerzas: energías, posibilidades, caminos. Y con ellas llegan las no-elecciones, la duda del qué hubiera pasado si, el miedo a haber elegido mal, a no haber pensado lo suficiente. Cada decisión trae sus sirenas, esas pequeñas luces que endulzan el oído del navegante y confunden el rumbo. Hasta que uno termina creyendo que su vida es exactamente esto —ni más ni menos— por las decisiones que tomó. Como en La biblioteca de la medianoche, mi limbo también sería una biblioteca. O quizás una casa...

Fanfarrón, tanguero y camionero.

Hace dos años, un 25, Navidad. Me despertaba de la siesta renovadora y curadora de la resaca de la noche anterior. Un llamado, un aviso, un rayo en medio de la tormenta que me despabiló por completo. —Buenas tardes, ¿familiar de René Bernardi? —dijo la voz del teléfono. —Sí, soy su nieto. —Mis condolencias. Tengo que comunicarle que René falleció hace una hora. Levanté la mirada. Tenía a Ciro enfrente, leyendo un libro. Entendió todo automáticamente. —¿Sí? —me dijo. Solo atiné a confirmarle moviendo la cabeza. En ese microsegundo nos recargamos —o nos recargaste— de una fuerza que al principio no sabíamos de dónde había salido. Nos tocaba una tarea tan importante como difícil: decirle a la vieja que su padre había fallecido. Decirle a nuestra hermana que su abuelo había partido. Sí, en Navidad. La paradoja de la vida: la vida y la muerte fundidas en un mismo día. Nos acercamos a la pieza. Mi vieja dormía. La despertamos con mucho cariño y le dimos la noticia. En ese momento se vislumbr...

“Dejá, ya fue”: la trampa dulce de la autoexplotación

 “Dejá, ya fue.” Esa frase que suena a paz, a soltar, a no discutir… es, muchas veces, la puerta de entrada a la autoexplotación. Nos convencemos de que si no lo hacemos nosotros, no lo hace nadie . Y ahí empieza la pendiente: tareas que no nos corresponden, funciones que nadie nos reconoce, responsabilidades que aceptamos casi por reflejo. ¿El resultado? Te pagan igual, pero trabajás el doble. Y encima agradecés. En una sociedad que repite que todes queremos ser “iguales”, se nos olvida decir iguales ¿a qué ? A un molde de productividad sin descanso, a una idea de sacrificio infinito que no contempla cuerpos, emociones, cuidados ni desigualdades. Un molde que, como decía Marx, nos aliena de lo que hacemos y de lo que somos. Y ojo. Detrás de muchas “buenas intenciones” se esconden lobos: jefes, instituciones, dinámicas laborales y sociales que necesitan corderitos obedientes, siempre dispuestos, siempre disponibles. Que te quieren gris, silencioso, funcional. Que celebran tu ent...

Del miedo a la herramienta: un nuevo vínculo con la IA.

¿Por qué le tenemos tanto miedo a la inteligencia artificial? Tal vez porque llegó demasiado rápido, sin pedir permiso, y nos puso frente a preguntas que no estábamos preparados para responder. La IA despierta un miedo particular, un miedo que mezcla desconfianza con la sensación de no estar a la altura. Detrás de esa inseguridad suele esconderse el temor a quedar afuera, a no entender lo suficiente, a ser superados por una herramienta que parece saber más que nosotros. También toca algo más profundo: nuestra identidad profesional. De pronto, surgen dudas como “¿qué lugar ocupo si una máquina puede hacer parte de lo que hago?”. Ese miedo no es tecnológico, es existencial. Y se potencia con la idea de perder control, alimentada por años de películas, titulares exagerados y discursos apocalípticos que nos metieron en la cabeza que las máquinas algún día van a gobernarlo todo. Pero negar la IA no la hace menos real ni menos útil. Al contrario: cuanto más la rechazamos, más sentimos que no...

¿Que tal si frenamos un rato?

-"¿Que tal si frenamos por un rato? Volvemos a tirarnos al pasto como cuando éramos pibes, a ver el cielo, a hablar de lo que nos pasa, o tal solo de lo que vemos. Me estalla la cabeza, y todo se genera, porque siento que siempre voy atras de las cosas. Me juega en contra el bocho, al saber que siempre va a quedar más por hacer o tal solo pensando. ¿Y cuál es el límite? ¿Hasta donde se aguanta con la cabeza quemada? La inercia del hacer, nos está borrando la parte del festejo. Obnubilada la mente deseosa, en su mayor esplendor, en su mayor ansiedad, de querer saber siempre lo que viene, y no ver mi que está pasando. Lo que me pasa, lo que te pasa. Y ahí es donde un lápiz y un papel, puede ser el mejor freno, un párate, un atajo hacia yo mismo. Sonrió al recordar que en todos los recuerdos que tengo estuve presente. Deseo con ansias que yo maneje mi vida, y que ella no me maneje." - Capaz que sí, que hace falta frenar. Frenar sin culpa, sin pensar que dejar de correr es perder...

Enseñar entre ruidos: la docencia en un mundo que no se detiene.

La realidad de las aulas actuales pone en tensión la idea tradicional de que el conocimiento teórico es suficiente para ejercer la docencia en el nivel secundario. Hoy, los y las adolescentes transitan espacios profundamente transformados: aulas atravesadas por la hiperestimulación, el acceso irrestricto e instantáneo a información, y nuevas dinámicas sociales y familiares que modifican valores, modos de vincularse y expectativas sobre la escuela. En este escenario, la teoría pedagógica –aunque imprescindible– resulta claramente insuficiente. Los estudiantes crecen en un entorno saturado de estímulos, donde la inmediatez y la fragmentación de la atención son parte del paisaje cotidiano. Esto desafía directamente la tarea docente, que no solo debe transmitir contenidos, sino competir con un universo digital que opera con otras lógicas, ritmos y lenguajes. La dificultad para captar la atención de los adolescentes no es un problema de “falta de vocación” ni de “poca autoridad”: es una co...

"El Banquete de las Memorias" Albarello - Belardinelli.

  En una ciudad llamada Junín, un grupo de amigos de la infancia y ex compañeros de secundaria, ahora adultos, se reúnen para una cena especial, rememorando los 7 años de su promoción. Cada uno de ellos ha seguido diferentes caminos en la vida, desde convertirse en maestros, artistas, profesores, hasta programadores. La razón de la cena es celebrar su reencuentro después de muchos años y, al mismo tiempo, recordar su pasado. En la siguiente historia encontramos a : Agustina: Maestra de primaria. En el salón, era la que mejor explicaba, hasta al punto que algunas veces le entendíamos mejor que a la profesora. Carlos: un pibe que desde chico siempre tuvo el don de convertir cualquier objeto en una instrumento de percusión, ahora de adulto, estudio el profesorado de música y le enseña a hacer lo mismo a muchos otros pibes.  Sofía: Era la reina del chisme, todo lo que pasaba lo sabía (agregandole alguna que otra cosa), ahora de adulta, estudió periodismo y trabaja en un canal de...